Lo que aprendí en el Camino de Santiago

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Hace unos meses, el pasado 7 de octubre, empecé mi particular Camino de Santiago uniéndome al Camino Primitivo en Grandas de Salime. 187 kilómetros recorridos en 6 días y decenas de experiencias en mi memoria. Hoy he abierto la libreta que usé como diario y estas fueron mis reflexiones:

“Puntuales, cada mañana, las lámparas se encienden a las 7.15h, disparando su haz de luz sobre las caras de los que dormimos en la parte superior de las literas. Las camas de abajo tienen un despertar más tranquilo y por comodidad las usan personas más mayores. Yo elijo siempre la de arriba porque me siento más aislada de ronquidos que salen por todos los orificios del peregrino.

Pensé en escribir cada día sobre las impresiones de mi viaje y han pasado 4 días sin hacer los deberes.

El Camino, las primeras etapas del mío, han sido realmente bonitas. Paisajes de verde intenso – comencé en la frontera de Asturias con Galicia – cubiertos de niebla, misterio y paz hasta bien entrada la mañana.

Mis pensamientos, pausados. Ojalá sea capaz de trasladar esa serenidad a mi vida diaria. Ojalá pueda apartar por unas horas mi vida, las obligaciones, preocupaciones y esa máscara que nos ponemos para cumplir lo que reclama nuestro entorno o, mejor dicho, lo que creemos que reclama. Caminas, te separas del grupo porque sí, sin dar explicaciones que nadie pide, y sigues caminando para conocer a nuevos caminantes o para preguntar cómo van los que conociste ayer. Habláis sobre los motivos de vuestros “caminos” cual libros abiertos, sin temor a ser juzgados, a tener que justificaros porque no temes lo que puedan pensar. Es tu camino, sólo tuyo.

Y conoces a gente maravillosa que comparte su comida y esparadrapos. Y tú compras la empanada más grande para devolverles lo recibido y admiras la bondad de tus compañeros mientras piensas que tú también eres más bondadoso estos días porque eres más tú, sin el ceño fruncido. Y sueñas con la utopía de fruncirlo menos de vuelta a casa.

Así han sido mis cuatro primeros días del Camino, con el lema Aquí y Ahora en todo momento mientras sumo kilómetros bajo mis botas.”

Y regresé, y olvidé lo aprendido y poco a poco el ceño se volvió a fruncir más de la cuenta. Tal vez fue demasiado corto o tal vez deba repetir curso para que me quede clara la lección 🙂

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